El sábado pasado, un grupo de dos mujeres y un hombre salieron a celebrar la graduación de una querida amiga. La idea de ir a un lugar de ambiente, donde las lesbianas podemos sentirnos libres de la mirada condenatoria de la sociedad, parecía una buena. Allí podrían conversar, reír y bailar, sin que los hombres heterosexuales se sintieran con el derecho de acercarse a molestarl@s.
El lugar que escogieron fue el Copa’s, ubicado en El Rosal, local donde las lesbianas van a divertirse, muchas veces acompañadas de algunos amigos gays. En fin, la noche prometía.
Sin embargo, la noche terminó de una manera muy diferente a como la tenían planeada. En la entrada de Copa’s les negaron el acceso, mientras otras muchachas entraban tranquilamente, con la poco creativa explicación de que se estaba realizando una fiesta privada.
Los lugares de ambiente, desde que surgieron hace varias décadas, siempre han usado la excusa de “la fiesta privada” para sacudirse a las personas que no desean dentro de su local. Los indeseables no son borrachos, impertinentes o delincuentes. Las personas que por lo general tienen negada la entrada a los bares y las discotecas de ambiente son negr@s, personas con rasgos indígenas, transgéneros, transexuales y pobres o “mal vestidos”.
Mi amiga, a la que le fue negada la entrada, encaja dentro de las categorías mencionadas: es negra, pero no de aquellas que tratan de blanquearse y ocultar sus rasgos étnicos, sino de las que se sienten orgullosas de su negritud. Detalle que no se le escapó al portero moreno de Copa’s, puesto que inmediatamente actúo para salvaguardar la pureza nazi del local.
Este acto de discriminación, en otros lugares provocaría la contundente respuesta de diversos grupos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros y transexuales, acompañada de una efectiva respuesta de las autoridades locales. En cambio, en nuestro país, esta despreciable práctica es asumida como algo normal que más bien merece ser ignorada por la gran población de lesbianas que visitan este local. ¿Cómo se le ocurre a un lesbiana negra ir a un cuchitril del Este de Caracas? ¿Cómo se le ocurre a una lesbiana negra estar orgullosa de su identidad? ¿Cómo se le ocurre pensar que está libre de opresión? No olvidemos que todas las lesbianas somos jóvenes, blancas, lindas y de buena familia.
Lamentablemente, el racismo no es una práctica exclusiva de Copa’s, forma parte de la filosofía que guía a gran parte de los locales de ambiente de Caracas. Lo que nos parece insólito e inconcebible es que las lesbianas, que somos doblemente discriminadas y oprimidas por ser mujeres y por nuestra preferencia sexual, nos sigamos manteniendo no sólo indiferentes, sino que además seamos cómplices de estos actos abiertos de segregación.
Parece que muchas lesbianas hemos asumido como algo inevitable el constante maltrato a la que estamos sometidas en esta sociedad. ¿Será que hemos naturalizado la discriminación? ¿Es una parte integral e inevitable de nuestras vidas? ¿Nos merecemos ser maltratadas y humilladas? ¿Nuestra sexualidad es una cruz que debemos cargar? ¿Será mejor callar y mirar hacia otro lado? ¿Sólo los heterosexuales se merecen tener calidad de vida? La relación de dependencia que muchas de nosotras tenemos con los pocos locales de ambiente, pareciera confirmar esta apreciación.
La estructura misma de estos tinglados es manifestación de un maltrato continuo a la dignidad humana. Estos locales no cumplen con las mínimas medidas de seguridad e higiene industrial, hay hacinamiento, los baños son asquerosos, las bebidas están adulteradas, el servicio es pésimo, la mezcla musical es mala, los shows no pasan de ser malas imitaciones y el mal olor es parte del decorado. Lo irónico de todo esto es que estos ranchones se dan el lujo de reservar el derecho de admisión y hasta cobran cover los fines de semana.
Aunque usted no lo crea, estos locales se la pasan llenos, lo que quiere decir que las lesbianas no sólo nos dejamos maltratar, sino que pagamos para que lo hagan. En este contexto, este acto público de racismo por parte del personal de Copa’s no es más que una raya más para el tigre.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que nos humillen? ¿No es suficiente con la discriminación que experimentamos cotidianamente? ¿Cuándo nos vamos a dar a respetar? ¿Cuándo vamos a reaccionar hacia cualquier acto de discriminación, especialmente frente a uno tan detestable como el racismo? ¿Nos vamos a convertir en un grupo de discriminados discriminadores? ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta que hasta que no protestemos nada va a cambiar?
Este nuevo acto de racismo por parte del personal que trabaja en Copa’s debe ser abiertamente repudiado por la población de lesbianas que vive en Caracas. Un buen comienzo, que no expone a nadie públicamente ni implica salir del clóset, es boicotear este local. No vayamos más a este local que nos discrimina por nuestra clase y por nuestro color de piel. Llamemos al local diciendo que no vamos a ir más hasta que no eliminen estas prácticas discriminatorias. L@s activistas vinculados a las organizaciones LGBTT debemos organizar algún tipo de protesta frente a este local.
Ante esta permanente situación de discriminación sólo nos queda hacer dos preguntas: ¿Hasta cuándo vamos a permitir que nos maltraten los locales que se mantienen a flote gracias a nuestro dinero? ¿Hasta cuándo el clasismo y el racismo lesbofóbico en nuestro país?
Marianela Tovar


Posted on Abril 9th, 2008 at 8:52 am by Dianova
Comments