Este pequeño texto es una respuesta a un artículo de Mercedes chacín (Cosas de hombres, publicado en Ciudad CCS este lunes 16/11/2009) que termina con una frase que dice… “Y no me salgan con que soy feminista”.
Chávez se declara feminista, pero el 50/50 quedó por fuera
Existen posturas feministas sin que sus autoras o autores le atribuyan dicho carácter. El feminismo es precisamente poner en evidencia la discriminación sobre la subordinación de las mujeres ante los hombres en el sistema patriarcal. Las mujeres trabajamos el doble y ganamos menos, eso dicen las estadísticas manejadas por los misóginos organismos mundiales. La mujeres —para ser consideradas como tales— nos ponen de relieve el carácter reproductor de la especie humana, la ética del cuidado —tal como lo hizo el presidente Chávez— cuando dijo que “las mujeres salvaríamos al mundo”.
Bordieu decía que la “dominación masculina” es tan absoluta, tan arraigada y tan naturalizada, que es invisible y no hay forma de cuestionarla porque ni nos damos cuenta que seguimos un patrón de discriminación y subordinación como si fuera “el orden natural de las cosas”. Y eso es lo que cuestiona el feminismo. Pasa que las propias mujeres somos las que muchas veces huimos de estas categorías por el miedo a ser estigmatizadas y eso no lo hacemos de forma consciente, sino que seguimos los patrones impuestos como la vida misma: nos casamos, nos reproducimos y socializamos y educamos a la prole bajo los mismos esquemas. Por eso Beauvoir dijo, “no se nace mujer, llega una a serlo”.
No hay ningún problema con ser feminista, no es una mala palabra, no hay que ser lesbiana ni hay que odiar a los hombres, no hay que tener bigotes ni mucho menos ser masculina o masculinizarse: hay que reconocer que hemos sido socializadas de forma distinta, para el frente doméstico, para el hogar, para los hijos, con otros valores —el de la sumisión y la resignación, básicamente— mientras que los varones son educados para la calle, para el poder y para no temer a nada ni nadie.
Beauvoir le comentó a Sartre que ella no se sentía discriminada, ni en desventaja respecto de los hombres, porque había estudiado y había destacado como uno de ellos. Sartre le advirtió: cuidado, ni eres hombre ni has sido criada como tal, de modo que alguna diferencia habrá en estas sutiles cuestiones. Y de allí nació El Segundo Sexo, que a decir de las teóricas feministas, todo lo que se ha escrito después de esta monumental obra no son más que notas al pie de página de la teoría feminista. Y que conste que Beauvoir se declaró feminista al final de su vida, cuando efectivamente entendió que la dominación masculina la había hecho pensar tal como el poder hegemónico masculino quería que pensara: que la desigualdad, discriminación y subordinación de las mujeres no existe, y que revolucionariamente hablando, todas y todos somos iguales.
Fourier fue el socialista utópico que lo definió clarísimo: el grado de desarrollo y evolución de una sociedad se mide por el grado de libertad de sus mujeres. Esa es una pepita de oro que demuestra por qué no es casualidad que haya influido a Marx y Engels, o sea, ya en la primera mitad del siglo XIX estas cosas quedaron escritas, hablando de revolución, socialismo e igualdad.
El presidente Chávez nunca ha profundizado en su postura feminista, simplemente lo proclama, aunque hace poco dio un ejemplo elocuente: ¿ por qué a las mujeres nos preguntan cuántos pares de zapatos tenemos y a los hombres no?, citando la entrevista de Oliver Stone a Cristina Kichner. El tema da para mucho más, mientras tanto, sugiero que desnudemos y nos acostemos con el feminismo mientras averiguamos de lo que se trata. Parece que el presidente Chávez es de los poquísimos que lo tienen claro: no hay revolución ni socialismo sin igualdad y equidad entre seres humanos, no porque hayamos nacido con vagina, con pene o con ambos o sin ninguno. La sexualidad es una construcción social y lo personal es político.

Chávez se declara feminista, pero el 50/50 quedó por fuera

Posted on Noviembre 22nd, 2009 at 6:27 pm by Dianova
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